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lunes, 15 de enero de 2007

Arma de lucha

Sobre la investigación de Lowel Bergman, en el caso que recoge la película El Dilema (The Insider, 1999), he de decir que me parece asombroso ver que puede obtener tanta información y de tan buena calidad contando con tan pocas fuentes.

Un misterioso dossier, un experto que se convierte en fuente principal del caso, una serie de personas que también están en la liga anti-tabaco y que plantean una demanda estatal a las tabacaleras… ¡Cuánta casualidad! ¿Con quién contrasta Lowel Bergman esta información? Se me escapan las respuestas.

Una vez más, la reacción agresiva de quien es puesto en evidencia – en este caso las tabacaleras – aporta más información que el propio diálogo. Sin embargo, aún me quedan dudas sobre el anonimato del primer envío de información, así como de la coincidencia en la contratación de Jeffrey Wigand como fuente experta.

Poder de veto
En mi opinión, el gran éxito de Lowell Bergman no fue la investigación en si, sino la defensa que mantuvo ante de su programa y su fuente. Su actitud –y sus contactos en el Wall Street Journal– pusieron en evidencia a la CBS por ceder ante presiones empresariales y practicar la autocensura. El productor/periodista se reveló ante el poder empresarial de veto.

No en vano, el New York Times se hacía eco del caso y publicaba un editorial titulado “Autocensura en la CBS” (13/11/1995), en el que explicaba que la ejecutiva de la corporación de la que forma parte la cadena televisiva, se había inmiscuido hasta tal punto en los informativos que anteponían los asuntos económicos al servicio público.

La CBS no dio más disculpa que un modesto texto (04/02/1996), leído antes de emitir el programa de Bergman, en el que se justificaba aludiendo a impedimentos legales. Es muy lógico que Lowell Bergman sintiera tal vergüenza que decidiese dimitir.

A pesar de haber sido puesto en la lista negra de algunos medios, Bergman ha podido seguir dedicándose al periodismo, probablemente gracias a su fama de incorruptible. El caso de la tabacalera y su defensa acérrima de principio de lealtad al ciudadano, así como el compromiso que mantuvo con su fuente, le valieron mayor reconocimiento del que pudo imaginar.

Además, el hecho de que el caso fuese llevado al cine le ha convertido en una “pequeña celebridad”, como dice él en una entrevista concedida a la publicación on-line JournalismJobs.com. Por otra parte, el haberse convertido en un ejemplo público le da mayor libertad para criticar la tendencia corporativista, que en la actualidad arrasa en los medios.

Hoy Bergman puede decir, sin miedo a censura alguna, que el contenido informativo esta influenciado por el punto de vista corporativo, que los medios ya no se preocupan sólo de la audiencia sino también de los beneficios.

Sólo necesitan emitir cosas que parezcan reales y llamarlas noticias […] Las palabras periodismo de investigación no significan lo que solía significar”, dice Bergman en la misma entrevista, recordando los tiempos del Watergate, a principios de los 70’.

Esta historia se destapó a mediados de los 90’ y, por desgracia, las cosas no han ido a mejor. El corporativismo y los intereses empresariales ahogan cada día más la profesión periodística.

Por suerte, a mi parecer si alguien grita puede que oigan su voz, aunque sea desde la modestia de un blog.

martes, 9 de enero de 2007

Mutación de una fuente

Jeffrey Wigand, antiguo ejecutivo de la compañía tabacalera Brown & Williamson, es la fuente más relevante que aparece en el caso censura al programa 60 Minutos de la CBS. Su importancia como fuente radica en su complejidad, pues sufre una evolución determinante en el caso.

En principio Jeffrey Wigand aparece como una fuente anónima, alguien que sin revelar su identidad, envía unos documentos al periodista Lowell Bergman, esperando que esto sea suficiente para destapar la noticia.

De alguna forma, el periodista acaba contactando con Wigand, pero le requiere como fuente experta, ya que es un científico que ha trabajado en el negocio de las tabacaleras y podría ayudarle a interpretar la fuente documental. El comportamiento del científico le hace sospechoso, y el periodista piensa que ha sido él quien ha suministrado la información. Bergman indaga y presiona a Wigand hasta que reconoce que él le envió los papeles. Entonces Wigand pasa a convertirse en una fuente confidencial, ya que reconoce los hechos pero quiere mantener su identidad oculta.

Sin embargo, la dinámica de la situación le lleva a hacer pública su identidad. Así es como Wigand concede la polémica entrevista que fue objeto de autocensura en la CBS. La revelación de esta información no se hace pública hasta que Wigand es llamado a declarar en un tribunal, donde su testimonio, como antiguo trabajador, es crucial para acusar a la tabacalera.

Intereses diversos
Wigand evoluciona como fuente en un delicado proceso. Hay momentos en los que su situación como informador cambia por interés personal, como cuando la compañía tabacalera le presiona diciendo que podría perder el acuerdo económico firmado tras su despido. Sin embargo, hay otros en los que la fuente parece suministrar información en pro de un interés general, como si lo considerase su deber como científico, por ejemplo en su declaración ante el juez, que fue fundamental en la demanda que el Estado de Minnesota interpuso contra las tabacaleras.

Por otra parte, Lowell Bergman, productor de 60 Minutos, también acaba mutando de periodista a fuente informativa. Cuando se da cuenta de que no puede evitar la reedición y censura de su programa de ningún modo, decide contar a varios periodistas de otros medios de lo que esta ocurriendo.

Como consecuencia, la CBS sufre duras críticas por dejar de lado un asunto de interés general y practicar la autocensura, cediendo a presiones económicas y empresariales. Esta presión mediática obliga a la CBS a emitir finalmente el reportaje realizado por Bergman.